Mi nombre es Pit, pero todo el mundo me llama Pitbull. El Pitbull de Skovland Island.
No es fácil ser un skov en Doskvol. Todos los akorosis, desde el más rico hasta el más miserable, se empeñan en que no olvidemos nunca que perdimos la guerra, que nuestra tierra es ahora su tierra, que su rey es ahora nuestro rey.
Quizá por eso nos amontonamos todos en un mismo barrio, para sentirnos cerca unos de otros y poder fingir, de vez en cuando, que somos un pueblo orgulloso de nosotros mismos y no un montón de refugiados miserables a miles de millas de nuestro hogar.
Ser huérfano empeora aún más las cosas. Mi padre murió en la guerra, cuando yo era muy pequeño. Solo recuerdo de él sus ojos azules, risueños, y una espesa barba rubia. Mi madre murió mucho después, aquí en Doskvol, agotada de trabajar y con los pulmones destruidos por la tisis y el humo de las fábricas.
Pronto aprendí que la vida no me iba a regalar nada. Que si quería algo mejor que una existencia miserable en las casas de trabajo, debía ser capaz da ganármelo. A hostias, si era necesario. Y así me gané mi apodo, enseñando los dientes como un perro de pelea a todo el que se cruzara en mi camino.
Me he unido a una banda, un grupo de mocosos como yo a los que no quiere nadie. Y ahora peleamos por ganarnos la vida en las calles, los peces más pequeños en este estanque repleto de leviatanes. Split, Cap, Sabueso, Shy... son todos más jóvenes que yo, así que supongo que es mi responsabilidad que no les pase nada.
Ahora mismo estamos tras la pista de unos tipos llamados Tim, Bertie y Spud, unos matones skov a los que estamos vigilando por orden del señor Cler, el ricachón que nos da trabajo de vez en cuando. Resulta que el tal Tim le está tirando los tejos a Julia, la sobrina de Cler, y el viejo no se fía un pelo del tipo.
Nos hemos dedicado a seguirlo, porque sospechamos, los chicos y yo, que trabaja para una banda que quiere meter las narices en Skovland Island. Hemos descubierto que el tal Tim y su amigo Bertie hacen muchas visitas a una curtiduría y a una tienda de ultramarinos. Estamos seguros de que están tramando algo, pero no sabemos exactamente qué. Así que hemos decidido colarnos esta noche en la curtiduría para averiguar qué esconden estos tíos.
Sabemos que puede ser peligroso, pero qué demonios, es la manera más rápida. Además, tanto dar vueltas por aquí acabará trayéndonos problemas. En realidad ya nos los ha traído: el otro día tuve que partirle los morros a una panda de chavales skovs que habían acorralado a Cap y Shy. Me supo mal pegarles, pero esto es Doskvol. O muerdes o te muerden.
Ahora estoy dando vueltas por el barrio, haciendo que pase el tiempo mientras llega la noche. Me he bebido unas cuantas cervezas y voy mirando mal a todo el mundo, esperando que alguien se pase de la raya para reventarlo a hostias. Es mi forma de relajarme y quitarme los nervios para estar a tope esta noche.
Y sí, sé que puedo parecer un pendenciero y un bravucón, pero ¿qué queréis que os diga? Después de todo, soy Pit, el Pitbull de Skovland Island.
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